

En el ciclo de los Cinco Elementos, el Agua agrupa los aspectos de la vida, la muerte y la eternidad de la continua transformación. Representa el punto final, el cumplirse de un proceso que ya preanuncia en sí un futuro porvenir. En su alternancia entre aspectos opuestos y complementarios, en su movimiento sin fin, resuena la esencia del mismo Tao.
El Agua como estación es el invierno. En la naturaleza es periodo de descanso y recuperación, cuando el frío decelera la actividad y genera silenciosa quietud. A nivel emocional el Agua gobierna nuestra fuerza interior. El poder del agua no tiene que ver con la acción en sí, sino con su potencial y con la conciencia de nuestros propios recursos. Un elemento Agua en equilibrio nos permite movernos en el mundo con calma y confianza. Nos da fuerza y conciencia y nuestra capacidad de enfrentarnos y gestionar las situaciones más complicadas, además de conferirnos una perspectiva equilibrada de nuestras batallas y una actitud compasiva hacia las de los demás. Pero cuando esta fuente preciosa de recursos y energía que nos anima se desequilibra, podemos llegar a perder el contacto con la paz y nuestra interna sabiduría. Un estilo de vida muy acelerado, periodos de estrés sostenido, un exceso de contaminación acústica y ambiental o de tóxicos que ingerimos o a los que estamos sometidos cotidianamente… todo lo que no permite al cuerpo respetar sus tiempo fisiológicos de descanso y recuperación, sino que al contrario le pide un sobreesfuerzo energético, puede fácilmente agotar el elemento Agua dentro de nosotros. Posiblemente nos sentiremos exhaustos, deprimidos, fuera de sintonía o simplemente irritables. Esta es la señal de que ha llegado el momento de dirigirse hacia nuestro propio mar interior, para volver a tomar conciencia de lo que somos y lo que necesitamos. Este reconectar con nuestra esencia más profunda es lo que nos permitirá más tarde relacionarnos nuevamente de forma armoniosa con el mundo exterior. Cuidar lo que comemos, realizar actividad física de forma regular, dedicar atención a cómo respiramos, encontrar el justo tiempo para el silencio y la meditación, nos ayudará ahora más que nunca a conservar y fortalecer nuestra esencia vital durante esta temporada. ¡Que disfrutéis del invierno!